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jueves 18 diciembre 2014

Ha comenzado la temporada de la trufa y con ella la opción de disfrutar de este manjar en su estado más puro, en fresco.

Os queremos recordar que en Trufapasion seleccionamos trufa de primera calidad, en su estado óptimo de madurez, con registro sanitario (muy importante) y perfectamente limpia porque es lo más higiénico y porque no vendemos tierra a precio de trufa.

De todas formas y si vais a adquirir trufa os queremos dar algunos consejos para que sepais comprar y conservar la trufa negra:

1º Saber a quién compramos. El proveedor nos debe garantizar la calidad de las trufas. El etiquetado nos indicará la especie, la fecha de recolección y la de envasado, así como el peso y el registro sanitario.


2º Es recomendable que las trufas estén completamente limpias (libres de tierra y restos orgánicos). Si las compras sin limpiar, utiliza un cepillo de cerdas suaves y agua fría para retirar toda la suciedad de cada ejemplar.


3º Secar con un papel de cocina tipo tisú.

4º Para mantener las propiedades organolépticas intactas y alargar su conservación en fresco, colocaremos las trufas en un recipiente de cristal envueltas en papel secante para absorber la humedad creada por la respiración de las propias trufas y las mantendremos en el frigorífico.


5º Las trufas permanecerán en el frigorífico hasta su uso, cada día abriremos el bote de cristal y si el papel estuviera muy  húmedo, cambiarlo por otro. Así conseguiremos alargar su vida útil al menos una semana y conservarlas con todas las garantías.

6º Si hemos comprado una importante cantidad de trufa fresca, podemos congelar la envueltas en un film o al vacío. Nunca debemos descongelar las trufas. Simplemente, rallar la trufa congelada encima de la comida emplatada y volver la trufa que nos quede de nuevo al congelador.

¡¡ Buen provecho !!

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martes 30 septiembre 2014

Existe una grave confusión entre las trufas, hongo subterráneo, y lo que se vino a llamar trufa hecha a base de chocolate.

El chocolate procedente de América durante el s. XVIII, se popularizo en toda Europa a la vez que se aplicaban nuevas formas de conservación para trufas frescas, como sumergirlas en diversos licores y vinos (brandy, coñac,…) Estos absorbían el aroma y sabor de las trufas y se utilizaban en la confección de nuevas recetas en las  que también se incluía el chocolate. Dicho chocolate fundido era rellenado por el líquido aromatizado, obteniéndose delicados bocados de chocolate trufado.

Tiempo después, Louis Dufour, chocolatero y conocedor de la Tuber melanosporum optó por dar el aspecto irregular, negro y rugoso de ésta a uno de sus más exquisitos chocolates.  Además, pretendiendo simular la tierra de la que se extrae, espolvoreó cacao en polvo sobre su creación, la trufa de chocolate.

 

 

 

 

 

 


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